sábado, 30 de junio de 2007

Comentarios a Colonialidad del poder y Clasificación Social de Aníbal Quijano


Por: Luis Marín


lmarin@socialconsultores.com



Aníbal Quijano devela con su entrada, los siniestros campos valorativos que guardan las formas de conocer, así, afirma que el concepto de colonialidad del poder trae consigo la configuración de identidades sociales legitimadas, que se tornan incuestionables y que interactúan, se mezclan y difunden en los medios de comunicación y reproducción social, tanto urbanos como rurales. La ciudad como espacio de encuentro de la diversidad se fragmenta y puede tender la guetificarse en aras de este patrón de poder colonial.
Esta colonialidad hegemónica reproducida en nuestro continente hace coincidir las formas de organización social con los procesos de conocer del capital: el medir y objetivar. La realidad es dimensionalizada en una configuración homogénea universal e interpretable más allá del lugar. El capitalismo occidental y moderno se encarga de reproducir esta forma de ver el mundo, que crea disparidades e interpretaciones binarias del mundo en que vivimos, cargando de poder a una categoría frente a otra con menor contenido, así los términos de raza, por ejemplo, colocan en ventaja a la occidental blanca frente a la colonizada y mestiza.. Esta concepción uniformizante entraña una interpretación lineal de la historia, en la que los procesos que no son eurocentrados, son solamente historias que confluyen hacia la línea única del modelo superior racional de la historia de la única civilización: la más antigua y próspera Europa.
El Estado–nación según el autor, es la forma válida de conocer sobre el capitalismo, es con esta nueva unidad donde hasta en nuestro continente se han elaborado teorías que explicarían nuestra posición de desventaja, Prebisch y su “centro - periferia” expresan muy bien una posible explicación de las actuales condiciones latinoamericanas. Quijano resalta la reinterpretación de Wallertein quien elabora el “moderno sistema mundo” como explicativo de este largo proceso histórico que es flexible y que también enfrenta crisis internas.
Las relaciones de estos conceptos, más allá de las formas de conocer y de interpretar la realidad, ponen en el debate el tema del poder en el mundo. Quijano afirma que el eurocentrismo no percibe los múltiples ámbitos del poder, dado que los enfoques del materialismo y el liberalismo han acaparado el debate.
El llamado mito metafísico de Hobbes, es una explicación del porqué de la formas de relación entre los componentes de una estructura social, este mito que alude a esencialismos que son la base del eurocentrismo.
Ante ello, en América Latina surge el concepto de heterogeneidad estructural, para explicar y definir exactamente todo lo contrario al mito hobbesiano. Las estructuras sociales también pueden ser formadas por elementos discontinuos y bastante distantes y sin embargo, coexistir. El proceso dinámico de la configuración latinoamericana sin duda, es diferente al establecido por el patrón eurocentrista, ya que su diversidad no se articula –o mejor dicho, pudo no articularse- con la historia europea. Los supuestos eurocentristas develados del marxismo son expuestos por Quijano, quien afirma que “nada permite verificar la homogeneidad histórica de sus componentes, ni siquiera de los fundamentales, sea del trabajo, del capital, o del capitalismo”.
Seguidamente Quijano hace una diferencia en la interpretación del todo y las partes, señala que el las totalidades pueden ser la suma de elementos heterogéneos, que pueden ser a su vez totalidades de subrealidades diversas y articuladas. El peligro del concepto de totalidad es que pueda implicar una interpretación homogénea de las partes, cuando según Quijano: “cada elemento de una totalidad histórica es una particularidad y, al mismo tiempo, una especificidad, incluso, eventualmente, una singularidad”. El autor plantea que no es una totalidad la que articula los diversos elementos, sino una estructura, no necesariamente cerrada, sin que esta cambia conforma cambian sus elementos. Por último, Quijano denuncia que el poder y su colonialidad ha racializado en el mundo a las relaciones de poder: “la colonialidad es uno de los elementos constitutivos y específicos del patrón mundial de poder capitalista. Se funda en la imposición de una clasificación racial/ étnica de la población del mundo como piedra angular de dicho patrón de poder y opera en cada uno de los planos, ámbitos y dimensiones, materiales y subjetivas, de la existencia social cotidiana y a escala societal” (Quijano,2000:342). Así, al colonialidad impone modelos extranjeros en muchas partes del mundo y en muchas áreas del conocimiento de las relaciones sociales, incluso, la del tan contemporáneo género.
Bibliografía

QUIJANO, Aníbal 2000 “Colonialidad del poder y clasificación social”. En: Journal of world-sistems research, VI, 2, sumer/fall 2000.